Este fin de semana largo es especial. Sí, estoy sólo a dos días de cumplir 36 años, y la vejez me va poniendo un poco más reflexivo.Estaba mirando TV ayer en canal 13, y hoy, Viernes Santo, en el canal Chilevisión, sobre la vida y obra del padre Alberto Hurtado Cruchaga.
Para los que saben mi historia, comprenderán que me eduqué en un colegio Jesuita (San Javier), donde la figura de los grandes Jesuitas estuvo siempre presente: San Ignacio de Loyola, fundador de la "Compañía de Jesus"; San Francisco Javier, uno de los 6 primeros seguidores de San Ignacio, y uno de los misioneros más grandes de la historia; y por supuesto Alberto Hurtado.
Aparte de ello, tuve la suerte de tener como profesor de matemáticas y profesor jefe al "loco" Arteaga. Su nombre completo: Rodolfo Arteaga Cruchaga. Es decir, quien fuera mi profesor jefe, fue primo hermano del padre Hurtado.
Con todo ello en el cuerpo, ver la vida de este Santo chileno me conmovió. Alberto Hurtado, desde joven, buscó la igualdad y la justicia entre los chilenos, y se sorprendía y se revelaba contra la indiferencia de los que se decían católicos, pero que no hacían nada por los más pobres, los más necesitados, los desamparados, los menos afortunados.
Fue así como a 'puro ñeque' creó el Hogar de Cristo, pero también ayudó a crear el movimiento de Acción Cristiana Juvenil Chilena, y la ASICH, o Acción Sindicalista de Chile. Trabajó 15 días, de incógnito, como obrero en las minas salitreras en Iquique, para ver cómo vivía el obrero, con sus penas y durezas. Hacía clases en el colegio San Ignacio, y todos los días hacía misa. Todo siempre con una sonrisa y una honda y profunda convicción de que el país debía ser más justo con aquellos que lo necesitaban.
Muchos pensaron que atacaba a los que tenían más, y lo tildaron de Marxista. Otros, creían que era Conservador y que ayudaba a "La Falange" y al partido político de la derecha.
Pero Alberto no quería que el rico no tuviera su dinero, justamente ganado. Tampoco quería que el rico dé limosna al pobre. Lo que él quería era que todos los chilenos ayudemos a construir una sociedad más justa, donde el pobre reciba lo justo, lo que le corresponde. Y si eso no era posible, donde el pobre reciba un trato digno, como se merece.
Es aquí donde incluso yo, hombre de poca fe cristiana ('agnóstico' podríamos decir), no me puedo abstraer del mensaje de Alberto. Necesitamos un Chile más justo, donde el 10% más rico no tenga más del 80% de la plata. Necesitamos jóvenes involucrados con su sociedad y con sus prójimos. Necesitamos a todos los chilenos involucrados en mejorar nuestro país. Necesitamos que Uds. "patroncitos" se eduquen, pero que también se formen como personas, para que sean Uds. los que hagan un país mejor, pero con una mayor equidad y responsabilidad social.
He aquí donde me pregunto una y otra vez, y no solo ahora porque es semana santa, o debido al programa: ¿Qué puedo hacer para mejorar esto? ¿Dónde puedo poner mi ayuda? ¿Por qué soy tan cobarde, o cómodo, y no ofrezco de mi para mantener viva la llama de Alberto? ¿Por qué no voy y ayudo a mi prójimo como se merece?
Respuestas hay muchas, y todas mis respuestas tienen una clara orientación. Tengo familia, tengo ocupación, no me alcanza el dinero, salvo para mis necesidades, y un largo bla, bla que aun no me convence.
Es cierto, quiero que mis hijos se eduquen, y se eduquen bien, y para ello debo poner todo mi esfuerzo. Pero también quiero educar mejor a mi país.
Mi esperanza es que mis alumnos salgan con un "valor agregado" de mis salas de clases: ser personas con valores grandes, ser "guerreros", ser reveladores de la luz que se necesita para iluminar nuestro país; ser críticos; ser inconformistas. Allí radica mi esperanza, en que pueda educarlos para el bien común.
Mi redención está en la educación. Me convenzo de que educando a mis alumnos traspaso la luz de Alberto a las nuevas generaciones. Pero aun me quedan otras esperanzas de que algún día, cuando no necesite educar a mis hijos, saldré a los rincones de mi país a educar a aquellos que más lo necesiten; a enseñar a leer a los que no han tenido la oportunidad por falta de recursos; a enseñarle a los necesitados un mejor camino. Cuando crezca, quiero ser como el Padre Alberto Hurtado. Mientras, mis preguntas todavía están sin resolver.
Llamo a Uds., mis alumnos, a que sean portadores de esa misma llama de justicia y equidad. Aprovechen ahora que tienen el tiempo. Hagan algo.
