Siguiendo la línea de mi segundo posteo, el que viene también fue escrito varios años atrás:
Todo hombre es un filósofo, un religioso, un estudioso, un Dios. Todo filósofo filosofa; el religioso sigue un dogma; el estudioso estudia y recoge en el granero de la mente la cosecha de la experiencia y contacto con los libros, situaciones, personas, etc.; y todo dios es venerado, es creador y es creado.
Todo hombre, además, es imagen y semejanza de dios; y si todo hombre en sí es ya un dios, entonces, es por eso que nos parecemos tanto unos a los otros.
Pero por sobre esta aparente apariencia similar, cada hombre es un universo individual, que se mueve interna y externamente hacia sí.
Todo hombre debe tender hacia la individualidad, hacia el YO, hacia la unidad separada pero anexada a todas las otras unidades separadas y anexadas a la vez.
Sin embargo, existen pocos hombres que tienden a irse hacia su ser; a adentrarse y a externarse hacia sí mismos. Esto se debe a que el ser humano es entrenado para olvidarse del YO desde el nacimiento.
Existen para mi dos instancias en nuestras vidas que coartan esta evolución del hombre hacia sí mismo: la familia y la religión. Estas dos instancias se encargan de cargar nuestros sentidos e instintos con "culpabilidades" que no deberíamos cargar.
La familia (los padres), en primer lugar, se apodera de nosotros desde nuestro inicio por la esfera. Es la familia la que nos enseña a apegarnos a ella, a venerarla, a respetarla antes que el apego, veneración y respeto a nosotros mismos.
La religión es el siguiente paso. Le sigue a la familia en esta creación de culpabilidades, deberes, etc., para con ellos. La religión impone un dios, un dogma, una doctrina, y muchas otras cosas que de igual manera nos alejan de nosotros mismos.
Sin duda alguna que estas dos instituciones sociales y sociológicas, si no psicológicas, son de suma importancia para el individuo; pero sólo cuando él ha logrado su individualización, su completación y su desarrollo como ser humano; una vez que puede, conscientemente, en cuerpo y alma, asimilarlas sin perjuicio de su identidad.
Estas dos instituciones actúan de manera similar. Ambas, inconsciente y quizá subliminalmente, nos imponen culpabilidades. Nos atan con los lazos de la retribución, de la gratitud hacia el "creador" - ya sea los padres o un dios cualquiera. Somos lo que somos gracias a ellos, no gracias a nosotros mismos, y lo debemos tener presente siempre. Aun cuando parezcamos actuar en solitud, siempre hay un lazo semi invisible que nos une a estas dos instancias: a ellas le debemos algo, y no podemos pensar 100% en nosotros, sino que tenemos que pensar en ellas también; no podemos realizar una acción que vaya en contra de ellas, eso estaría mal y deberíamos sentirnos "culpables."
Esto, a su vez, sólo coarta al hombre, lo cercena, lo deja incompleto. El ser humano para completarse, debe, quiere y puede estar en solitud, en compañía de sí mismo, de la Naturaleza, de su filósofo, de su religioso, su estudioso, y su Dios internos. Una vez que él ha conocido a todos ellos; que los reconoce, apartado de la familia y la religión, se conoce a sí mismo, y se hace merecedor y dueño de sí mismo; se hace Dios.
Para completarse, entonces, es vital que el hombre se aleje de su familia y de la religión, que se convierta en su propia religión, familia y Dios. Sólo entonces él podrá volver a reconciliarse con ellas: religión y familia; sólo entonces será libre, dirigirá su propio destino y cantará a su propio son. Se debe buscar el YO, encontrarlo, apresarlo, amarlo y condenarlo a cadena perpetua dentro de nosotros para estar completos. En esa instancia el hombre se convierte en hombre; se convierte también en creador y en creado, y es capaz de crear los lazos reales con la familia y la religión. Sólo ahí puede aceptar a dios y a la familia.
Todo hombre, además, es imagen y semejanza de dios; y si todo hombre en sí es ya un dios, entonces, es por eso que nos parecemos tanto unos a los otros.
Pero por sobre esta aparente apariencia similar, cada hombre es un universo individual, que se mueve interna y externamente hacia sí.
Todo hombre debe tender hacia la individualidad, hacia el YO, hacia la unidad separada pero anexada a todas las otras unidades separadas y anexadas a la vez.
Sin embargo, existen pocos hombres que tienden a irse hacia su ser; a adentrarse y a externarse hacia sí mismos. Esto se debe a que el ser humano es entrenado para olvidarse del YO desde el nacimiento.
Existen para mi dos instancias en nuestras vidas que coartan esta evolución del hombre hacia sí mismo: la familia y la religión. Estas dos instancias se encargan de cargar nuestros sentidos e instintos con "culpabilidades" que no deberíamos cargar.
La familia (los padres), en primer lugar, se apodera de nosotros desde nuestro inicio por la esfera. Es la familia la que nos enseña a apegarnos a ella, a venerarla, a respetarla antes que el apego, veneración y respeto a nosotros mismos.
La religión es el siguiente paso. Le sigue a la familia en esta creación de culpabilidades, deberes, etc., para con ellos. La religión impone un dios, un dogma, una doctrina, y muchas otras cosas que de igual manera nos alejan de nosotros mismos.
Sin duda alguna que estas dos instituciones sociales y sociológicas, si no psicológicas, son de suma importancia para el individuo; pero sólo cuando él ha logrado su individualización, su completación y su desarrollo como ser humano; una vez que puede, conscientemente, en cuerpo y alma, asimilarlas sin perjuicio de su identidad.
Estas dos instituciones actúan de manera similar. Ambas, inconsciente y quizá subliminalmente, nos imponen culpabilidades. Nos atan con los lazos de la retribución, de la gratitud hacia el "creador" - ya sea los padres o un dios cualquiera. Somos lo que somos gracias a ellos, no gracias a nosotros mismos, y lo debemos tener presente siempre. Aun cuando parezcamos actuar en solitud, siempre hay un lazo semi invisible que nos une a estas dos instancias: a ellas le debemos algo, y no podemos pensar 100% en nosotros, sino que tenemos que pensar en ellas también; no podemos realizar una acción que vaya en contra de ellas, eso estaría mal y deberíamos sentirnos "culpables."
Esto, a su vez, sólo coarta al hombre, lo cercena, lo deja incompleto. El ser humano para completarse, debe, quiere y puede estar en solitud, en compañía de sí mismo, de la Naturaleza, de su filósofo, de su religioso, su estudioso, y su Dios internos. Una vez que él ha conocido a todos ellos; que los reconoce, apartado de la familia y la religión, se conoce a sí mismo, y se hace merecedor y dueño de sí mismo; se hace Dios.
Para completarse, entonces, es vital que el hombre se aleje de su familia y de la religión, que se convierta en su propia religión, familia y Dios. Sólo entonces él podrá volver a reconciliarse con ellas: religión y familia; sólo entonces será libre, dirigirá su propio destino y cantará a su propio son. Se debe buscar el YO, encontrarlo, apresarlo, amarlo y condenarlo a cadena perpetua dentro de nosotros para estar completos. En esa instancia el hombre se convierte en hombre; se convierte también en creador y en creado, y es capaz de crear los lazos reales con la familia y la religión. Sólo ahí puede aceptar a dios y a la familia.
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