Desde bastante tiempo, he estado escribiendo y urdiendo en mi mente miles de temas, sin havber podido ver la luz, e, incluso, sin haber sido nunca escritos. Lo que sigue, fue escrito varios años atrás:
La religión, la sociedad, ciertas personas, las instituciones inclusive, de cuando en cuando hablan de la MORAL, de lo que se supone que nos dice qué es bueno y qué no, en general, y de lo que es bueno o no para nosotros individualmente.
Yo también me he preocupado de este tema. Sin embargo, mi argumentación es otra, distinta y distante de aquella a la que se aferran tantas gentes, iglesias, personas, instituciones, etc.
Mi conclusión me refiere al hecho de que tal moral - esa conciencia que nos indica lo bueno y lo malo - no existe. Y no existe, no porque no exista lo bueno y lo malo, sino que por la simple razón de que existen muchos individuos, sociedades, y otras instancias humanas diferentes.
Si la moral, como la ven estas personas, existiese, un sólo hecho, un sólo referente, sería visto de igual forma por todos, sería UNIVERSAL. Sin embargo, cualquier revisión simple de ésto, nos indica que esto no es posible.
Si Ud. fue testigo de un choque entre dos automóviles, verá, con sorpresa, que su versión de los hechos es diferente del testigo que estaba en la calzada del frente, y diferente de las versiones dadas por el victimado y el victimario. El hecho como un todo, sucedió en un instante, en forma completa, "perfecta", pero Ud., el otro testigo, y las víctimas, sólo presenciaron, vivieron parte de esa realidad, que además fue interrumpida, influenciada, etc. por vuestra manera de ver, por sus prejuicios, por su educación, por su conocimiento de las leyes del tránsito, por su nivel de impresionabilidad, etc.
De la misma manera, un hecho que para algunos es catalogado de INMORAL, para otros no lo es. Sin duda alguna, mucha gente estaría de acuerdo en que si una mujer de nuestra sociedad occidental se paseara por las calles con los senos al aire, sería una inmoralidad. Sin embargo, esas mismas personas, viendo un programa en TV, referido a Africa, no se alarman al ver que las mujeres de algunas tribus africanas no llevan sostén, y andan con los "pechos al aire." El mismo hecho - andar con los pechos al aire - en la última instancia no es inmoral para la misma persona.
Otro ejemplo muy fácil de señalar, son las diferencias de apreciación de una misma sociedad, a través del tiempo. A principios de siglo, las mujeres eran más pudorosas, todos lo sabemos. También sabemos que el mostrar el tobillo era considerado un insulto, una inmoralidad. Sin embargo, hoy en día, la misma sociedad que condenaba el mostrar el tobillo, se regocija con el uso de la "minifalda."
Con estos ejemplos, mi pretensión es constatar que la MORAL, como la conocemos, no existe. Si existiera, si hubiese una voz interna que nos pudiera decir cuando obramos bien y cuando obramos mal, ella debiera ser UNIVERSAL, es decir, trabajar de igual modo para todas las personas en todas las latitudes con igual certeza. Sabemos, por cierto, que hay hechos cuasi universales, que aparecen condenados en casi todas las latitudes, como el robar o el matar. Pero son cuasi universales ya que sabemos de la existencia, en el pasado, y posiblemente en el presente, de civilizaciones en que el sacrificio humano era un ritual respetado. Pero sin duda, existen otros tipos de hechos, y de abstractos, que son mucho más difíciles de "moralizar", como la educación, por ejemplo.
Además, y muy importante en todo esto, los que abogan por la moral, por lo que debería ser para ellos, la sociedad y para el individuo, se olvidan que el individuo tiene libertades individuales, que son pasadas por alto al hacer trabajar estos estándares morales. Al pretender que la moralidad es universal, se atropella al individuo, a aquel que no está de acuerdo. ¿Cómo puede saber el Consejo de Televisión, por ejemplo, si un programa para mayores no es apto para mis hijos, teniendo en cuenta que la educación de ellos es mi responsabilidad? ¿Cómo pueden saber si el señor o señora de mi lado gusta de ciertas prácticas sexuales o no, que son censuradas, y por lo tanto, se censura al que las realiza?
La moral por ende, no puede existir. Pero mi argumentación no involucra el dejar a las personas, ni las sociedades, sin una regla de vida que dirija, de una u otra forma, lo que es bueno para nosotros o no. Pero, a mi parecer, la MORAL, la moralidad, no es la herramienta a usar. Existe, para mi, un recurso mucho mejor: los PRINCIPIOS.
A menudo nos confundimos entre estos dos términos o conceptos, pero el último es el que en el fondo nos rige, no el primero. Una sociedad, institución o persona que se rige por el primero, indudablemente, a corto o largo plazo, caerá en el error de coartar a uno u otro lado de la balanza. La moral proviene del exterior del individuo para el individuo; los principios provienen del individuo.
Los principios son, entonces, personales, intransables, poco asiduos al cambio, y también nos rigen nuestros actos. También existen principios cuasi universales, como los mencionados anteriormente, ya que un ser humano es similar a cualquier otro ser humano, y lo que Einstein pudo pensar, por ejemplo, lo puede pensar cualquiera, o lo que un santo pudo sentir, él también lo puede sentir, como decía Emerson.
El principio es la base, el fundamento donde nos apoyamos en nuestra vida y a diario. Lo aprendemos, en primera instancia, con nuestra familia, pero lo vamos desarrollando, cambiando y adaptando a lo largo de nuestras vidas, de acuerdo a nuestras diferentes vivencias y circunstancias. De ahí, entonces que en Africa todavía existan mujeres que caminan semi desnudas, y no así en el Occidente, por mencionar un ejemplo ya citado.
Individualmente, el principio es la base de todo ser; Nadie puede saber mejor que nosotros mismos, mejor que el YO, lo que conviene o no al mismo YO, incluso cuando en juego esté un posible juicio final ante un dios, o Ser Supremo. Si mi moral me indicó que tal o cual acto era bueno, aunque ante los ojos del sacerdote, del rabino, o del testigo de Jehová haya estado malo, quien tiene que rendir cuentas es el YO. Ni el sacerdote, ni el rabino, ni el testigo de Jehová estarán ahí cuando suceda. Y si mis principios indicaron que un acto, pensamiento o acción era buena para mi en un instante determinado, entonces la decisión de actuar sobre ese principio está correcta. En simples palabras, si yo hice algo es porque tomé una decisión de hacerlo, y si tomé esa decisión fue porque estaba correcta para mi, y si yo la tomé y estaba correcta, entonces está bien hecha, de acuerdo a mis principios.
Cada principio, por supuesto, conlleva una RESPONSABILIDAD, y, por supuesto, deberes. Los deberes se relacionan con el asegurar al Yo el cumplimiento del principio y la no contradicción de ellos. Sólo cuando el YO ha estudiado un cambio - que suele venir por medio de un largo análisis - el principio puede ser modificado, pero nunca contrariado. Nada que nazca del YO para el YO puede ser contrario a su naturaleza. El principio modificado se convierte y está a favor del YO, en igual circunstancia que el principio genérico que se descartó.
Las responsabilidades inherentes a los principios se avecinan cuando estamos frente a un resultado o efecto de la realización o puesta en efecto de uno de nuestros principios. Todo evento genera una reacción, y esa reacción requiere de una responsabilidad, una causal de fondo, avalada por un "actor" (el que realiza la acción). Cuando hacemos algo y no nos responsabilizamos por ello, surge el conflicto, surgen los problemas - que a mi modo de ver, son inexistentes. Si nos responsabilizamos de todo lo que hacemos llevados por la fe ciega e infranqueable en nuestros principios, entonces los problemas se anulan; las dificultades quedan.
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