
En IIIº medio vimos "Extraordinary people", y entre ellos Albertito, aquel que era porro en el colegio, pero un genio en las ciencias físicas. Averiguamos también que se le sacó el cerebro y se descubrió que tenía alguna diferencia con los de los demás mortales. ¿Qué diferencia?
Era un día 18 de abril de 1955, cuando en la morgue del hospital de Princeton el patólogo Thomas Harvey reconoció el cadáver de aquel señor; cortó cabello y cráneo y extrajo el cerebro de Albert Einstein.
El cerebro fue perfusionado al 10% de formol, medido al compás, fotografiado (la fotografía que ven es real) el encéfalo y los hemisferios en variados ángulos y desgajado en 240 pequeños bloques de 10 cms. cúbicos cada uno. Luego, los pedazos se sumergieron en formalina, y descansaron en casa de Harvey por décadas.
Sí, décadas. 4 para ser exactos. Esta vez, Harvey (octogenario ya) examinaba el cerebro junto a dos neurofisiólogos canadienses, y lo comparaban con 91 cerebros más.
La conclusión: la cisura de Sylvius era distinta. "Una frontera extraña, cuya forma se explicaría por un desarrollo precoz y anormal de los lóbulos temporales que, a juicio de los autores, habrían permitido, por su mayor densidad neuronal, una capacidad superior de razonamiento matemático y espacial." ('Cuando la luz eclipsa su cuadrado', Eric Goles, El Mercurio Agosto 13, 2000).
Eso es lo que se encontró. Pero ¿qué más se encontró? Para mi, nada. Einstein se llevó consigo la llave que abre la relación cerebro-mente. Seguro que él era más que una cisura. Como dijo Goles en el Mercurio; "Este, como cualquier otro ser humano, fue nada más ni nada menos que una densa ocurrencia en el tiempo, lenta y continua acumulación de inercias y azarosas circunstancias, grandeza y misweria, ambigua y frágil frontera. Lo que trajo al mundo, cambiándolo hasta los cimientos, o sus relaciones familiares poco felices, no se explican ni están en esa morbosa colección de deslavadas células muertas. No es 'explicable'."
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